26 may. 2012

El Domingo pasado fue mi cumpleaños.
El día no fue nada de otro mundo, básicamente lo pase estudiando y disfrutando del ordenador nuevo que me regalaron.
Lo que si fue especial fue el fin de semana. Concretamente el Viernes y el Sábado. Han sido los dos días más bonitos que he tenido en mucho tiempo.

Te echaba de menos. No sabes cuanto.
Mi corazón se encoge al pensar lo lejos que estas.
Apenas duermo. Prefiero aprovechar las noches pensando en ti.
Eres sencillamente perfecto.
Este fin de semana ha sido entrañable. 
Podría haberme quedado abrazándote durante siglos. Aspirando tu aroma y dejándome llevar por la calidez de tu abrazo.
Haber podido rozar de nuevo tus manos, ha sido el mejor regalo que podría haber deseado nunca.
Haber podido besar tus labios, me ha hecho olvidar mis problemas.
Haber podido enterrarme en tus brazos y esconder la cabeza en tu pecho, me ha hecho sentirme querida.
Y me ha hecho sentir que nada podía herirme. Que soy inmune a cualquier ataque, mientras estés tú cerca.
Haber podido cerrar plácidamente los ojos y saber que estarás ahí, esperando a que me duerma, y que no desaparecerás como lo hace un sueño. 
Abría  los ojos, y lo primero que veía era tu rostro. Nunca he logrado saber si estas dormido, o en duermevela. Pero me da igual. Simplemente el hecho de ver tus ojos cerrados y oír tu suave respiración, me saca una sonrisa. 
Compartir bonitos momentos contigo, me dan la fuerza necesaria para seguir viviendo.
Seguramente te preguntarías porque me fui tan rápidamente, antes de que cogieses el vuelo.
No quería derrumbarme delante tuya. Quería que te llevases el mejor recuerdo de ese fin de semana, no la imagen de una yo destrozada derramando lágrimas. 
Quería que vieses como tu presencia me había alegrado, no como tu partida me había entristecido. No quería que vieses el dolor que me corroe por dentro cuando no estoy contigo.
A pesar del tiempo que hacía, para mi, cuando tu viniste, todo se aclaró. Como si una película en blanco y negro la ponemos en color. Descubriendo todo y cada uno de los matices de la imagen. La infinita variedad de colores y la alegría que desprende una sonrisa. 
Pero en cuanto te fuiste, la vida volvió a su oscuro color de siempre.

Las risas estúpidas que suelto cuando hablo contigo, el rápido y palpitante bombeo de mi corazón cuando te veo, los abrazos y besos de los que nunca me canso, los momentos pasados contigo, mi respiración agitada, mi eterna preocupación por ti, esos momentos solo de dos,.... no son más que pruebas que demuestran lo más obvio.
Te quiero

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